El estacionamiento de los jefes


Hace unos días techaron los estacionamientos de la empresa donde trabajo, una estructura para los jefes, otra para los trabajadores y otra para las visitas. Esto producto de la preocupación de la empresa por dar una mejor calidad de vida a los trabajadores y sus pertenencias. Todo bien hasta que una mañana un gerente saco al estacionamiento de la jefatura a un grupo de trabajadores  para explicarles que aquel sitio era exclusivamente para supervisores y que cualquiera de ellos que osara estacionar allí seria amonestado severamente.

Esto causó molestia en el grupo de trabajadores y enseguida me comentaron los detalles de la conversación.  Con el fin de abuenar los ánimos y restablecer el amor propio,  les dije que todo esto era para organizar de mejor forma los estacionamientos y cuando  los jefes no estén los pueden usar sin inconvenientes.

Esta situación me hizo reflexionar  sobre la mentalidad de las empresas japonesas. Donde los trabajadores y los jefes utilizan los mismos baños, casino  e incluso el mismo estacionamiento. Cuando un Japonés llega a su trabajo estaciona al final de recinto con el fin que su par (jefe o trabajador) que llega más tarde no se atrase buscando donde estacionar. Todo esto con el fin de que los procesos productivos sean más eficientes.  Quizás esto se da  por un tema práctico o bien valórico. Lo cierto es que como trabajadores chilenos todavía estamos lejos de esta realidad.

Vivimos sociedad donde unos y otros compiten para establecer la diferencia, cuando lo práctico y  útil seria que unos y otros trabajaran en pos del beneficio reciproco.


Medio Ambiente. Cuando las cosas olen mal


Cuando la autoridad  hace que se respeten los derechos de una comunidad, sobre los intereses de un particular. Existe la sensación ciudadana  de que en nuestro país se respetan las normas y funciona el estado de derecho. Sin embargo, basto que la empresa Agrosuper anunciara el cierre temporal de su planta procesadora de cerdos en Freirina,  a causa de una exigencia ambiental  sobre los fuertes olores productos del proceso.  Para que se dieran a conocer a la opinión pública una serie de irregularidades que  dan cuenta que no  solo el olor a cerdo es lo que no olía bien en Freirina.


El caso de Freirina y su planta faenadora  es una realidad que viven  muchas comunidades de nuestro país donde se genera la pugna entre el “progreso”, aquel que da trabajo y financia proyectos sociales. Contra el desarrollo, de quienes aspiran un ambiente sano que garantice una buena calidad de vida.

En nuestra zona tenemos la problemática ambiental  que genera la contaminación de  los procesos del Complejo Industrial de Nueva Aldea. La que hasta ahora a nadie parece importar ya que ofrece empleo y financia los proyectos de varias comunidades de alrededor.  Incluso de aquellas que se opusieron tenazmente a la instalación de este proyecto. Pero ante lo expuesto anteriormente es razonable preguntarse. ¿Qué va a pasar en un par de años, cuando la  contaminación termine con el eco sistema del valle del Itata?

Algunos quizás rasgaran vestiduras y acusaran al partido político adversario de corrupción y aportaran una larga lista de irregularidades como lo hacen hoy en el caso Freirina. Siendo la comunidad quien asuma los costos y  sufra las consecuencias de un progreso cuyo precio es un futuro nefasto.

Hoy Freirina enciende las luces de alerta, sobre de la debilidad y vulnerabilidad  de la legislación medioambiental chilena. También, da cuenta  de la corruptibilidad de los organismos encargados de hacer cumplir con estas normas.  Algo para tomar en cuenta ya que somos un país rico en recursos naturales que son parte de un ecosistema vulnerable. Del cual depende el desarrollo y sustentabilidad de las generaciones que nos sucederán. 

Por Juan San Martin

Para Trabajadores Adelante